Referentes que consumir sin morir en el intento
Voces
/ 03.05.20

Texto de Pai Pai Mag

En tiempos excepcionales como los que estamos viviendo por la pandemia de COVID-19, tenemos muchas cosas en mente, de forma constante y en bucle. Es difícil desconectar, y mucha gente ni siquiera tiene el privilegio de hacerlo. Los sentimientos de agobio, frustración y preocupación claramente están muy presentes, pero también entendemos que ahora más que nunca la cultura y el entretenimiento ayudan a paliar, aunque sea momentáneamente, esta saturación emocional. Siendo diáspora asian estás acostumbrade a no verte en los medios de comunicación o en la cultura occidental, más allá de estereotipos coloniales y racistas.

Somos la generación que con mucho atraso, y ya habiendo superado la mayoría de edad, vemos cómo películas por y para asians son celebradas y reconocidas por la Academia de los Óscars. Con una mezcla de nostalgia (acentuada por el confinamiento) y ganas de compartir, o crear, recuerdos comunes, hemos decidido escribir una serie de textos personales, de varies autores asian que hablan de la primera vez que se vieron reflejades en piezas audiovisuales, y de aquelles personajes con les que se han sentido identificades a lo largo de su vida y por qué.

El tema de la representación últimamente está en boca de todes, ya que desde el antirracismo se defiende la mayor visibilización de personas racializadas en todo tipo de medios. En términos asian, es algo que la mayoría de neoliberales US-Asians de Twitter defienden, esto ha hecho que se relegue a una cuestión secundaria en el discurso público. Y con razón, se puede considerar que la representación es una problemática un tanto banal, total, esto no nos pagará el alquiler ni nos ayudará a poner comida en la mesa, pero aun así es una conversación necesaria. Sabemos que la tan engañosa “diversidad” es una estrategia comercial. Pero eso no elimina que el sentirse reflejade,  identificade y por lo tanto validade es sumamente importante en todos los sentidos, valga la explicación de por qué. Por esto hemos pensado que estas reflexiones ya no solo podrían servir como recomendaciones de series, películas y música, sino que pueden incluso apelar a la persona que lo esté leyendo; pero sobre todo validar experiencias que todes compartimos en menor o mayor medida. 

Oyidiya Oji es una mujer birracial experta en el comercio internacional y co-creadora del Taller Visibles de escritura para feminidades racializadas.

Vivimos en una sociedad consumista y como tal, los audiovisuales son un mecanismo más de este entorno en el que vivimos. Digamos que estoy en búsqueda permanente de material con el que sentirme representada, sin que ese personaje sea una mera cuota. Esto se debe a la complejidad de mi ser, no soy de aquí, ni de allí, ni del más allá. Pertenezco a ese grupo de gente llamado third culture kid o niños de tercera cultura. Mi madre es de Filipinas, mi padre es de Nigeria y yo he nacido en Barcelona. Esta situación ha hecho que me sienta muchas veces sin un referente claro con el que sentirme identificada, pero por suerte el hecho de tener dos hermanos me hizo sentir que no estaba sola. Hasta el momento he ido dando tumbos entre culturas y he acabado por aceptar que eso es también válido, al fin y al cabo me enriquece a mí y a mi alrededor.

Nuestros referentes de pequeños fueron una mezcla entre los gustos de mi padre, los de mi madre y de nuestro entorno casi blanco en la totalidad. Recuerdo que adquirimos tanto el cassette como el vídeo del disco Dangerous de Michael Jackson. Veíamos con emoción el vídeo de Black or White: un montón de personas diversas en apenas seis minutos de canción. Puedo decir que es el primer recuerdo audiovisual que tengo en el que literalmente pude sentir que estaba conectando.

Más adelante fueron apareciendo más referentes que hicieron que me sintiera identificada como son las series El príncipe de Bel Air y Cosas de Casa. En ellos la imagen que se daba de la población negra es que pasara lo que pasara, eran personas graciosas que entretenían al público con sus situaciones del día a día. Recuerdo también que durante los veranos la programación de la televisión cambiaba de forma que estaba más destinada a niños y jóvenes. Una de las series que apareció en uno de esos estíos fue Los Rompecorazones. Se trataba de una serie australiana en el que un grupo de adolescentes tenían sus primeros encuentros con el amor y los conflictos dentro y fuera del instituto. En esta serie participaba una actriz de origen asiático, Nina Liu, que interpretaba a la estudiante Mai Hem. Supongo que mi interés por esa figura fue porque yo entendía que lidiaba con dos culturas a la vez, la de su casa y la de la calle. Por aquel entonces consumía mucha tele y diría que es el primer personaje asiático consistente que conocí. Sé que en algún capítulo se habló de racismo, algo que por estos lares todavía no se hacía. Aún así, probablemente si hoy en día volviera a ver la serie, seguro que habrían cosas que me chirriarían.

En la actualidad, considero que es mucho más fácil encontrar referentes gracias a que internet facilita el acceso a contenido audiovisual que de otra manera sería más difícil que llegara a España. En un mundo ideal, tendríamos que ser capaces de crear nuestro propio contenido inclusivo aquí y adaptarlo a nuestras realidades. Por el momento, tenemos que conformarnos con plataformas audiovisuales que son nuestra llave para acercarnos a nuestras realidades. Para mí está claro que en el momento en que todes nos sintamos incluides habrá un cambio de paradigma social y cultural del que saldremos beneficiades y que, seguro, nos lo agradecerán las generaciones futuras. Es importante reconocer los pasos que se dieron anteriormente ya que son la base sobre la cual se debe continuar creando por y para nosotres.

Anne Cath es activista del antirracismo político.

Yo he crecido en un contexto particular, fui adoptada en 1987 en Sri Lanka, por una familia blanca de un pueblo del norte de Francia. No tenía absolutamente nadie con quien me podía identificar en casa. Mis padres tampoco buscaban algo especial para enseñarnos en cuanto a referencias o, claro, todos eran referentes blancos o no blancos pero totalmente exotizados. Cuando yo era pequeña, internet no era muy común, así que había que pasar por otros medios como la televisión o el cine. Si tenías suerte, de vez en cuando, salían algunas personas no blancas. Lo que sí tenía como fuente de representación eran los videoclips de rap. Estábamos en una década después de Thriller, los 90 y 2000 fueron grandes años de reivindicaciones políticas y musicales, pero también de creatividad en los videoclips, y así es como empezó a llegar “la generación racializada CANAL +” en muchas miniseries (como por ejemplo con el actor Omar Sy). Mis referencias empezaron más bien a centrarse en las personas o personajes no blancas en general. Pero si tengo que ser sincera, he tenido que rebuscar mucho durante varios años para poder tener referencias especialmente sudasiáticas, estoy en proceso de actualización. 

En cuanto a la adopción, el tema me queda todavía lejos y los papeles de adoptados no blancos son generalmente muy negativos, estereotipados o se centran en los padres que ejercen el papel del “buen salvador blanco” y los niños resultan ser un objeto de decoración. Hasta hace poco que me sentí un poco identificada por una escena en una serie que trata la adopción y política internacional en Ruanda, llamada Black Earth Rising. Tengo mis críticas, pero tienen varias perspectivas interesantes. Ponen el foco sobre varias problemáticas pasadas y actuales para entender conflictos internacionales junto con el pasado colonial, y justamente la adopción muchas veces está ligada con procesos de muertes tal como la guerra. Estas son las dos frases que me impactaron más:

<<No recuerdo a mi familia, ni mi país, nada, no sé ni mi propio nombre, solo sé que le pasó a casi un millón de personas y no lo olvidaré, ni nadie debería olvidarlo>>, <<Que allí el genocidio y los crímenes de guerras es cosa de todos, que somos como gatos en una bolsa, iguales que los monos>>.

La protagonista Kate Ashby, adoptada en Ruanda durante el genocidio, le grita estas frases a su madre blanca adoptiva. Estos gritos frente a ella, frente a todos, frente a personas blancas y a los sistemas coloniales, este grito de decirles <<Déjame recuperar mi vida, es mi vida, es mi historia; deja de apartarnos y de escondernos la historia>>. Esta necesidad profunda de saber quién eres y de donde vienes yo también la vivo. Tengo que decir que esta serie llegó más o menos al mismo tiempo que los destapes de tráfico de adopción en Sri Lanka. Como Ruanda, Sri Lanka (no quiero comparar una situación con la otra, los contextos coloniales son importantes de conocer) pasó por un proceso de guerra civil, una de las consecuencias fue la masiva adopción de niños de ahí. Este grito al pasado, a la tierra, a nuestra sangre, este grito al vacío, este enfado, este silencio blanco lo he sentido yo también.

Otra película que vi hace poco y me pareció muy interesante fue Luce, aviso que hago un spoiler aquí. Muchas personas no entienden el final, ni siquiera entienden muchos de los pasos del joven adoptado, Luce Edgar, pero es una historia muy inteligente y muy sutil. Es bastante real en el hecho que le hacen sentir endeudado por lo que le han dado. Los padres le transforman en míster perfecto blanqueado, no tiene derecho al error. Hay una sospecha y presión continua desde los padres hacia él por el hecho que viene del sur, de un país peligroso. Hacen referencias a la violencia de la que viene, como si fuera una marca genética, que podría hacer que él sea también “un salvaje”. Durante toda la peli él va jugando con esta duda de si es una persona supuestamente peligrosa y si tiene que ser perfecto para ser validado por el mundo occidental y blanco. 

Realmente la escena final es brutal, está atrapado allí, no puede salir, es la sensación que hemos tenido muchas veces los adoptados. Esta presión de ser el hijo elegido, que no tiene derecho al error y que además nació en el sur global de padres “salvajes” y sin educación. Está atrapado en este personaje que no quiere ser y no puede salir de allí. Me sentí identificada con Luce, en el sentido de que siempre quieren que seamos los malos, esos peligrosos salvajes del sur, pero no vamos a cambiar, vamos a ser aquello que tanto teméis y os vamos a dar razones por las que haceros dudar.

Y aquí estaría con mis referentes audiovisuales. Ahora por fin tengo una cultura bastante amplia de películas, series etc. del sur global y personas no blancas en el norte. Todavía me faltan muchas referencias en cuanto a personas sudasiáticas, pero poco a poco voy rellenando estos vacíos con los cuales he crecido.    

Mercedes Saya es una redactora haafu que reivindica hacer contenido por y para la diáspora asiática. 

No creo que recuerde exactamente cuál fue la primera vez que me vi representada en una película o serie, pero sí tengo muy presentes quiénes fueron esos únicos supuestos referentes que tenía en la infancia. Y digo supuestos, porque tal vez nunca me vi realmente reflejada en ellas, en cuanto a personalidad y/o experiencia vital, pero sí que tenían alguna que otra cosa en común conmigo, más bien la apariencia. Además, me ayudaron a “descansar la vista”, como diría mi amiga Gemma Ferreón, integrante de Catàrsia, y me hicieron la infancia un poquito más llevadera. Desde Lucy Liu en Los Ángeles de Charlie donde no importaba la racialitud del personaje en cuanto a la trama de la historia, o Brenda Song en Wendy Wu: La chica Kung Fu, que potenciaba y exploraba (aunque no de la mejor manera) su cultura. Este tipo de personajes me validaban por aquel entonces, y ya de más mayor me he podido identificar con unes cuantes más.

Como por ejemplo Hiro Hamada de la película de animación Big Hero 6. En ella, Hiro pierde a su hermano Tadashi, su mayor referente en la vida, y con él pierde parte de su identidad al no tener esa persona en la que sentirse reflejada. A mi me pasa que soy hija única, y soy haafu, igual que ellos dos, y nunca he tenido a nadie como yo de mi familia que pudiese en cierto modo validar esa parte de mi identidad, así que también he sentido ese vacío. Además, también he sentido las mismas frustraciones y decepciones de la vida que Hiro en la primera mitad de la película, aunque por diferentes razones. Me reconfortó bastante ver que Big Hero 6, como película infantil, tratara aunque no de manera explícita, la depresión y salud mental en general. Aunque yo no sea el target principal de esta, ya que la vi por primera vez de adolescente, la verdad es que se ha convertido en una de mis comfort movies. Me alegra bastante saber que les niñes de hoy en día tienen más referentes que nosotres de peques. 

Y, hablando de figuras signficativas, también me acuerdo de cuando estaba en bachillerato, que un amigo mío me habló de <<esa china>> para referirse al personaje de Brook Soso de la serie Orange is the New Black. En ese momento me enfadé, como era de costumbre cuando una persona blanca se refería a cualquier asian como <<china>>, pero este caso era incluso más personal. Le respondí diciendo <<No es china, es escocesa-japonesa>>, cosa que a él no le podría haber dado más igual, pero para mi era de extrema importancia hacer la aclaración, ya que yo también soy parte japonesa.

De hecho, muy a mi pesar, – teniendo en cuenta que Brook es un personaje insoportable y probablamente de los peor escritos de la serie – me sentí identificada con una escena suya. En ella le pregunta a Mei Chang, la otra asian de la prisión, que por qué no formaba parte de un grupo de amigas asiáticas, a lo que Chang le recuerda que es escocesa, y ella le acaba respondiendo con <<pero no para la gente blanca, a la mínima que tienes sangre “étnica” eres básicamente “made in China” como tú y mi cepillo de dientes>>. Esta era una conversación que había tenido varias veces con mi madre, que me ve, tal vez no como blanca, físicamente hablando, pero occidental, al haberme criado en Europa. Un día le acabé enviando a fotogramas de esta escena sacados de Tumblr, el verano en el que me gradué del instituto, durante mi estancia en Tokyo, mientras ella se encontraba en Barcelona. Justo cuando le di al botón de enviar me eché a llorar, y sé que mi madre hizo lo mismo al recibirlo, aunque no estuviera con ella en ese momento. Desafortunadamente, aunque Brook Soso no sea ni de lejos uno de mis personajes favoritos del mundo audiovisual, es de las pocas veces que me he visto realmente representada en pantalla. 

Pero, aun así, me gustaría recalcar el hecho que Kimiko Glenn, la actriz que la interpretaba, se merecía un mejor guión. Estoy segura que si hubieran tenido una guionista asiática, las cosas hubieran cambiado bastante– bueno, es que Orange is the New Black hubiese ganado una calidad tremenda ya tan solo con tener más de 2 guionistas racializadas de 16… Precisamente por esto defiendo que tenemos que escribir nuestras propias historias, porque nos pertenecen. Merecemos tener, dentro de nuestro imaginario colectivo, desde personajes extremadamente complejos, a tal vez otros más simples, pero siempre escritos desde nuestras perspectivas, con nuestras intenciones y valores.

Amisha Bhojwani es graduade en Biología Ambiental además de creerse pianista y/o cantante. También es youth ambassador de la ONG Project Chirag en España, que busca e implementa estrategias de desarrollo rural sostenibles en India.

El personaje de Nani de Lilo y Stitch es el primero con el que pude sentirme reflejade. Siendo le mayor de tres hermanes en una familia conservadora hindú, me han caído muchas responsabilidades. Mi familia siempre me dice: “si tú das buen ejemplo, elles te seguirán”, refiriéndose a mi hermano y a mi hermana. La dinámica entre Nani y Lilo se define por el fallecimiento de sus padres, esto hace que Nani tenga que tomar la figura materna y también de hermana. Aunque este no es mi caso – a mi rol en la familia se le ha asignado esta responsabilidad de manera secundaria – era reconfortante verlo evidente en un personaje racializado, también relativamente joven (se supone que Nani acaba de cumplir la mayoría de edad en la película).

El personaje Anwar Kharral en Skins marcó una notable diferencia en la definición de mi identidad durante la adolescencia. Empecé a querer quedar más fuera de las clases, conocer a más gente, salir hasta las tantas de la mañana a hacer absolutamente nada con mis amigues, pero pensaba que no era mi puesto tener esas experiencias viendo que ningune de mis amigues racializades lo estaba haciendo. Muchas de esas cosas se las prohibieron sus familias, como me lo hicieron a mi la mia sin razón alguna. Además, yo había empezado a tener impulsos sexuales, y como siempre ha sido un tema tabú con mi familia y hasta con algunes amigues racializades, pensaba que estaba mal tener esos pensamientos y que me ocurría algo. Al ver a Anwar, uno de los protagonistas que forma parte del grupo de amigues en Skins, interpretado por Dev Patel, que hacía y tenía los mismos deseos que yo, me tranquilizó sin duda. 

Cuando ya vi que habían personajes racializados que se retrataban como más que un estereotipo, como yo veía a las personas blancas en mi entorno, cambió mi perspectiva hacia mi cultura. El papel de Anwar, por ejemplo, es uno que me gustó pero sigue siendo uno definido por su etnia. En algunos episodios vi que tenía que justificar muchos de sus hábitos o sus acciones con su religión o la procedencia de su familia. Siempre tenía que explicar por qué hacía ciertas cosas para que sus amigues blanques le entendieran. En cambio, cuando le preguntan lo que es Diwali al personaje de Mindy Kaling en The Office, Kelly Kapoor, dice <<Diwali es muy divertido; comemos y bailamos… Ah, ¡y mi “outfit” es precioso!>>. Skins trata el sentimiento de la otredad de una manera más seria, mientras The Office se burla de las percepciones que tienen les estadounidenses de personas Indian-American
Entiendo que les dos me sirvieron para responder a preguntas como <<No, pero, ¿de dónde eres de verdad?>>; hay personas que les tienes que responder sarcásticamente y otras que tienes que ignorar. El hecho de que Kelly no contase la historia de Diwali porque no se la sabía, y que luego su compañero de trabajo blanco se la explicara al resto de la oficina, me parece una de las mejores escenas sobre el tema que logra tratar la serie. Rompiendo con algunos estereotipos, Kelly es la “tonta” y cotilla de la oficina, y además fue un personaje con quien pude identificarme en esa escena. Me di cuenta de que como diáspora india, no tengo la obligación de saber toda la historia de mi cultura y educar a la gente sobre ella constantemente. Me acuerdo como a la mínima que se dijera cualquier cosa en clase sobre la India o el hinduismo, tenía mil ojos mirándome y esperando una explicación. Mi familia se sabe la mitología detrás de las fiestas porque crecieron celebrándolas desde un punto de vista religioso. En mi caso, me han servido para tener contacto con parte de la comunidad india en Barcelona, y al no ser ni creyente ni practicante de la religión, no es mi deber tener que explicarle nada a nadie, como hace Kelly.