Asians en cuarentena feminista
Opinión
/ 07.03.20

Fotografía y texto por Anna Fux

Querida Mercedes,
Me encantaría ir a la manifestación de mañana. Es más, se me ilumina la cara al imaginarme asistir contigo y un bloque de 100 asians. Sin embargo, sé lo que pasaría, se repetiría lo que una y otra vez hemos vivido estas últimas semanas: se taparían las narices y las bocas.  Se asustarían. Se apartarían. Quizá sería la única vez que podríamos marchar en un bloque no mixto, sin agresiones o humillaciones, porque nadie se atrevería a acercarse.

Pero no, mañana no voy a ir a la manifestación. Suficiente violencia hemos vivido las últimas semanas y debemos cuidarnos; no escuchar un «a reivindicar el racismo otro día». Es más, quienes decretan eso, son quienes piensan que el patriarcado fue siempre universal y omnipresente. Estoy a años luz de todavía discutir eso. Pero volviendo a lo de antes, ya sabes que cuando son múltiples los ejes de opresión que te atraviesan, no entiendes por qué el de género iba a ser el más importante. Es por eso que hay asians que no se sienten apelades por el feminismo o la necesidad de ser activista.

¿Y cómo me iba a atrever a reprochar eso? Si la cruda realidad es que una señora blanca me confundió con una turista, segundos antes de arrancarme el móvil de la mano y gritarme «tourists photos no» en aquella manifestación de Juana Rivas en la Puerta del Sol. ¿Con qué morro voy a reclamarle a asians que se expongan a tal realidad? 

Una realidad que se desprende de las mismas personas que llaman “chinos” a las tiendas donde compran el maquillaje violeta y las cartulinas para pósteres de última hora antes de una manifestación. Las que quieren que salgamos en sus fotos, para fingir una diversidad que nunca se va a dar más allá de situaciones fotografiables, como dice mi amiga Benia.

Es un feminismo que nunca nos ha tenido en cuenta y hace tiempo que no quiero luchar por un asiento en una reunión que de entrada no me quiere tener allí. Me pregunto qué tipo de sororidad me esperaba de personas que comparten bromas y memes sobre el virus, pero luego censuran ese tipo de “humor” cuando son sus opresores quienes lo ejercen. Y ¿sabes por qué todavía somos tan pocas asiáticas activistas, Mercedes? Porque también yo estaba hasta hace poco en un grupo de feministas blancas, que no nos reconocen, pero para las que sumergidamente trabajamos.

El ejemplo de «mientras la mujer blanca escribe un libro sobre feminismo, la filipina cuida de sus hijos» es solo la punta del iceberg. Estoy cansada de repetirlo, Mercedes. Hablemos también del fenómeno de estar en espacios blancos, luchando por cuenta ajena, y no propia. Lo dicho, somos muches quienes no vamos a la manifestación del 8M, pero desde luego somos quienes la posibilitan.

Te abrazo muy fuerte y te llamo mañana,

Anna