Entrevista a Putochinomaricón
Entrevistas
/ 02.03.20

Texto por Mercedes Saya, Anna Fux, Paloma Chen
Fotografía por Ita Tsai

Quién no se ha enfadado ya con el mundo entero, o una persona en concreto, pensando: gente de mierda. Quién no se ha quedado en leído o sin batería de fiesta. Situaciones cotidianas, costumbrismo millennial, son los ingredientes de las canciones del joven artista multidisciplinar Chenta Tsai. Quién, por cierto, ha estudiado en y sobrevivido a una facultad de arquitectura y un conservatorio, ambos euroblancos. Justo a tiempo pudo coger la curva para redireccionar su carrera hacia el mamarracheo político sacando dos EPs (Corazón De Cerdo Con Ginseng Al Vapor, Miseria Humana) y un libro (Arroz Tres Delicias: Sexo, Raza y Género).

Este verano vuelve al Festival de música Sónar en Barcelona con su inédito proyecto Baobae. Sobre esto hemos conversado, que no entrevistado. Hablamos de asian a asian, sobre música, activismo, ser queer sin ser blancx, el humor amarillo y lo que surgió.


¿Qué vino antes, el activismo o la música?

Pues empecé a tocar el piano a los cinco años y el violín a los siete. Es difícil explicarlo, porque teóricamente empecé con la música y luego encontré el activismo a través de ella. Sobre todo porque en la academia, o sea en el conservatorio y en el colegio, no nos estudiábamos, no existíamos, entonces quieras o no se despierta esa necesidad de ser representado en esos espacios. 

¿Qué esperabas cambiar con tu carrera musical y qué crees que has conseguido cambiar al final?

Tenía muchas intenciones a la hora de escribir música. Obviamente una de ellas era hablar de temas de manera no pretenciosa y siempre de las experiencias vitales, de lo que significa ser un cuerpo racializado viviendo y creciendo en España, y además siendo disidente sexual y de género. Y digo no pretencioso porque en ninguna canción mía menciono tecnicismos porque no es mi interés.

Claro, no usas palabras como “cisheteropatriarcado” en tus canciones.

Exacto, aunque igual sería gracioso (risas). Es interesante el tema de la segunda lectura, y el pop creo que ha funcionado muy bien por eso. Muchos artistas utilizan lo vacuo para expresar ideas mucho más complejas. Luego he notado que sí que hay gente que entiende el mensaje detrás pero también hay gente que está ahí por puro disfrute, que también lo puedo entender. Por eso también me gusta escribir para explorar ese espacio, porque sentía que así era mucho más directo, porque das donde realmente duele, mientras que la música es una especie de caballo de Troya, de momento.
 

Siendo asian en España, ¿qué referentes tenías? ¿Eran todos US-Asians? Como en mi caso, al menos.

Total. Mi primer referente activista asian fue The Love Life of an Asian Guy, que al final fue una persona un poco conflictiva, ya que es un hombre cisheterosexual. Aun así me ayudó muchísimo a ver que este racismo que también has vivido tiene sus nombres. Es que hay veces que hasta dentro de colectivos antirracistas no encuentras tu lugar, porque sientes que igual la comunidad latina y la comunidad afrodescendiente están más consolidadas. Mientras que, de lo poco que he visto, nosotres aún tenemos un largo camino que recorrer. Que nos hayamos juntado todes, de manera politizada, no ha pasado nunca.

O tal vez esté pasando ahora.

Claro, y es tan reciente y estamos encontrando nuestra forma de entender las cosas. Luego hay muchas cosas que los US-Asians sufren pero que nosotres no las hemos sufrido, o si no de forma indirecta.

Por ejemplo, la idea de lo “queer,” llegó súper tarde a Taiwán, y es muy gracioso porque allá se llama ku’er (酷兒), que es una transliteración

¿Por qué crees que no hemos tenido ese mismo recorrido y que en España estamos empezando prácticamente desde cero, en este sentido? ¿Por qué ahora?

Yo lo entiendo a través de la historia de Taiwán, porque ahí el activismo se frenó cuando llegaron los nacionalistas chinos e implementaron la ley marcial. En aquel entonces obviamente se frenó todo desarrollo del activismo, especialmente de disidencia sexual, feminismo etc. Cuando se derogó la ley marcial muches taiwaneses que fueron a Estados Unidos a estudiar volvieron a Taiwan y empezaron a importar ideologías occidentales. Por ejemplo, la idea de lo “queer,” llegó súper tarde a Taiwán, y es muy gracioso porque allá se llama ku’er (酷兒), que es una transliteración – al igual que kuir en español – que significa en chino “juventud guay”, sin tener nada que ver.
 

Yo vine cuando tenía un año, y fui criado por mis padres que son taiwaneses y vivieron bajo este clima político de la Ley Marcial en Taiwán, y no están acostumbrados a cuestionarse estos conceptos. Además, creo que la inmigración fuerte taiwanesa a España ocurrió hace relativamente poco. También, una cosa que dijo Berna Wang que me parece muy interesante, es que necesitamos construir esa masa crítica. No me gusta hablar de generaciones, pero nosotres que ya somos diáspora, que nuestros padres migraron y la mayoría de nosotres quizás nacimos en España, pues tenemos el privilegio de poder pensar sobre estas cosas, mientras que elles estaban luchando para sobrevivir.

Hablando de nosotres, ¿por lo general sientes que te has convertido en “face of the race” (ser la cara que representa a toda una comunidad) en España?

Yo creo que no. En todas las entrevistas siempre digo que yo solo me represento a mi, sin negar el racismo que sufrimos todes, de ahí la frase de “lo personal es político”. Porque al final descubrimos a través del diálogo que todes pasamos por opresiones parecidas y que es una experiencia colectiva, por eso sería muy irresponsable de mí decir que represento a toda la comunidad.

Ya, pero una cosa es lo que pienses tú y otra es lo que piense la gente de ti.

Es que suelo decir que no lo soy, más que nada porque siempre lo justifico a través de las opresiones que nos atraviesan los cuerpos. Por ejemplo, yo aún estoy descubriendo mi no-binarismo, pero todavía soy un hombre cis. Yo tengo privilegios: tengo papeles, he ido a la universidad… Estoy en conflicto con todo esto. Especialmente cuando salen activistas de Instagram, sobre todo porque quieras o no, en tu cuenta hay números, hay una cifra, entonces, ¿si tienes más seguidores significa que lo que tú digas tiene más valor?
 

¿Crees que hay espacio para un gay asian que no solo sea para el entretenimiento de los blancos? Que muchas veces ven estas disidencias como algo ”cool” y se ponen esa chapita de “yo escucho a Putochinomaricón”.

Yo creo que sí, por ejemplo, poco a poco estoy descubriendo que tengo a seguidores de habla no hispana. Escuchan mi música, pero no desde esa perspectiva, porque no entienden la letra, que es algo que me asombra bastante. Esto significa que las melodías también pueden levantarse de por si, sin la herramienta de la letra o la reivindicación.
 

Es que que nosotres entretengamos sigue siendo una otrerización. 

Total, creo que todavía nos ven con ese filtro de exotismo. No sé si te suena la historia de Afong Moy (梅阿芳), que fue la primera mujer china cantonesa, que llevaron los hermanos Carne a un zoo humano. Ella lo que hacía era exponer sus pies que estaban vendados, por eso eran muy pequeños, y a las personas occidentales les sorprendía bastante. La exotificaban con carteles que ponían “la podrás escuchar hablar chino” y “podrás verla usar palillos y hablar de China”. Y luego me pregunto, ¿no es esto lo que está pasando en España? Cuando pones la tele, si sale una persona asiática está haciendo justo lo mismo. También quiero destacar la diferencia, un zoo humano es mucho más terrible, pero estas situaciones…

Claro, no es lo mismo pero se parece bastante. Hablando de esto, en España se ha usado bastante el término “humor amarillo”, que es un concepto creado por ellos para reírse de nosotres. Y como obviamente este tipo de humor no nos representa, me gustaría reapropiar el término para poder hablar de nuestro humor de verdad, el humor asiático. Por ejemplo, podemos hablar de cómicas como Margaret Cho, Ali Wong o la cantante Rina Sawayama con la canción “Shut the fuck up” que hacen uso del humor de forma reivindicativa, como tú con tu música.

De hecho, es algo que estaba hablando con Berna, que ahora mismo es muy difícil que existan artistas asiáticos que no traten estos temas desde el humor. Es que hasta Joji, el cantante, lo hace. Por ejemplo, empezó con el personaje de Filthy Frank, que es humor, y es humor para blancos, además. Luego tiene canciones bastantes serias, pero incluso en las entrevistas tiene que recurrir al humor para hablar del racismo. Pero es que todavía creo que no estamos preparados– no, no es eso, Occidente no está preparada para hablar de racismo sin ese filtro del humor. A mi me pasa que cuando escribo cosas y no uso mis experiencias vitales o la música como herramienta, noto que a la gente le molesta muchísimo.

¿Por qué? ¿Qué tipo de comentarios recibes?

No sé, es muy raro… Pero creo que tú también lo habrás notado, como por ejemplo tú les dices “me estás fetichizando”, así a secas, y se lo toman fatal. En cambio, cuando les dices algo tipo “es que soy una banana*” entonces lo entienden más o menos y se ríen. No sé si es algo generacional o si va acabar…

Hasta qué punto te identificas con lo chino, sabiendo que tu nombre artístico es Putochinomaricón y tú eres taiwanés.

Es muy gracioso, porque si tú miras mi DNI pone que yo he nacido en China. Pero porque la ONU no reconoce a Taiwán como país independiente. Solo sé que he nacido en Taiwán y que en mi DNI pone que soy chino. También, quieras o no, aquí te van a leer como una persona china, seas de donde seas, pero por puro desconocimiento.
 

Cuéntanos más sobre Baobae, tu nuevo proyecto de música electrónica que presentarás en junio en el Sónar.

Siempre entendía mi identidad en fracciones, y uno de los primeros espacios donde sentí que se podía unir estos tres elementos, fue en la comunidad ballroom y en la música electrónica. Por eso quería experimentar justamente esta identidad no fraccionada sino completa, digamos, en unidad, en el proyecto de Baobae.


En primer lugar, no sabía lo importante que es la música electrónica para la comunidad racializada. Descubrí trazos y huellas de personas racializadas que han marcado o redireccionado esta historia, como Honey Dijon o ahora Peggy Gou. También están los japoneses con la Yellow Magic Orchestra, que crearon un sonido y fueron los grandes vanguardistas de aquel entonces de la música electrónica. Por eso digo que formamos parte de esta historia, de este linaje, y me resulta tan importante. Además intersecciona mucho con la cultura de noche, que está muy arraigada a la comunidad disidente sexual y de género, desgraciadamente como la sociedad no nos acepta, hemos creado nuestro espacio y el espacio nocturno ha sido uno de ellos. 

Este verano también viajaste a Taipei. Cuando dejamos de lado tanto tiempo nuestros orígenes asiáticos, y, siendo adultos, devenimos conscientes del porqué de todo esto, los viajes a nuestros países tienen una importancia muy particular. ¿Qué significan para ti estos viajes?

Este año he estado metido en colectivos de DJs kuer y he podido entender más acerca de mi identidad y de mis ancestralidades sexuales. Por ejemplo, sabías lo del conejo, ¿no?

La verdad es que no.

Lo del conejo Hu Tianbao (胡天保), que es el dios de las parejas homosexuales. Pues esto nació de una recopilación de historias cortas que se llama Zi Bu Yu (子不語) y es lo que el maestro no quería contar – el maestro refiriéndose a Confucio, porque Confucio no quería hablar del desorden y la sexualidad es un desorden – lo descubrí cuando fui a Taiwán que una amiga me dijo que había un templo ahí y también descubrí que hay gente que pasa por lo mismo que yo, con la diferencia de que mi identidad ha sido en mayor parte construída desde la resistencia, mientras que ahí la resistencia la entiendo desde otra manera.

Confucio no quería hablar del desorden y la sexualidad es un desorden

Ahí yo no soy discriminado por mi raza, soy la mayoría, soy de etnia han, y de repente entendí mi cuerpo desde otra postura. Por primera vez esta resistencia no tenía sentido, esa resistencia que yo entendí y con la que crecí durante todos estos años. Claro, era un poco momento de crisis existencial de decir, ostras, es que yo me voy ahí de vacaciones y de repente no me conozco, y a la vez también hay muchas políticas en Taiwán de las que estoy completamente en contra. También descubro que mi cuerpo como etnia han es el cuerpo del opresor, nosotres hemos ocupado ese espacio, porque mi abuelo migró a Taiwán. Hemos hecho mucho daño – al menos mi abuelo, la parte de mi madre es indígena – a la comunidad indígena, tenemos que ser conscientes de ello. Eso me dolió mucho, el descubrir que yo tenía primero un privilegio, y descubrir que nosotres oprimíamos también.

Yo como japonesa también es algo que tengo, o al menos intento, tener en cuenta, que hemos hecho mucho daño a muchos países. En espacios antirracistas yo no hablo de colonialismo, por ejemplo, porque no puedo como española y japonesa.

Ya, es verdad.

Rescatando lo de antes, el otro día estaba hablando con mi madre sobre la disidencia sexual y de género en Japón y hablamos de un libro de la época Heian titulado Torikaebaya Monogatari (とりかへばや物語) de dos personas trans, que por lo visto era un tema que no era tabú en la época. Entonces le pregunté qué fue lo que pasó para que cambiaran tanto las cosas en la sociedad. Yo siempre había pensado que fueron los misioneros europeos cristianos que les hicieron avergonzarse de la manera en la que hablaban de esto, y de otras cosas como el género de arte shunga (春画), pero según ella ya empezó con el Confucionismo, que había hecho mucho daño. 

En China que se empezase a considerar la homosexualidad como una enfermedad se debe a la influencia de Occidente, que quería “modernizar” al país. Pero antes lo que sí existía, que tengo que informarme más sobre esto, es que había un delito universal del acto del sexo anal. No te llamaban homosexual, eras alguien que practicabas el sexo anal, esa era tu categorización y tu castigo. Por eso me parece también muy curioso cómo entendemos la homosexualidad. Pero por ejemplo, los géneros no binarios han existido desde hace mucho tiempo en China. Ahora hay un insulto que muchos colectivos no binarios taiwaneses están apropiando que es yinyang ren (陰陽人): una persona que no es masculina ni femenina. Es muy curioso como estos códigos existían antes, por eso creo que es tan importante aprender de nuestras ancestralidades sexuales, y descubrir que no en todas las culturas se entendía el género desde el binarismo.

Me encantaría leer más sobre esto, pero por ejemplo, hablando de Japón, me preocupa no poder encontrar escritos que estén bien traducidos a otros idiomas, o que los autores sean académicos blancos…

Así de cosas más recientes, tienes que leer libros sobre Visual Kei (ヴィジュアル系).

Sí, debería. Esto me recuerda que descubrí un libro que se llama El poder de lo cuqui, escrito por un hombre blanco inglés que mencionaba a personajes tan influyentes como Pikachu y Hello Kitty, y es como: primero de todo, el concepto se llama kawaii, y no cuqui; segundo, como hombre blanco me da igual que me hables de esto, ¿qué me vas a contar? Se pueden sacar tantos temas sobre lo kawaii relacionados con el empoderamiento que ha aportado este concepto a las mujeres japonesas, que reivindicaban que su feminidad no les hace débiles…

Yo también lo noto como Occidente se está apropiando de códigos y elementos sobretodo japoneses, como el J-Pop. Y es que, queramos o no, el colectivo PC Music bebe mucho de este género, es una occidentalización del J-Pop. En España ahora está surgiendo un trap, extraño kawaii por ejemplo.

Total. El otro día vi que alguien había dicho que el grupo japonés CHAI, de rock alternativo, era un grupo de J-Pop, y eso me puso de los nervios. Que sean japonesas no significa que tengan que hacer J-Pop.

A mí esto me lo preguntan y por eso yo decía que hacía J-Pop de Jaén (risas). Mamarracha forever. Por eso me gusta coger los estereotipos que tienen de nosotres y convertirlos en algo completamente distinto, me hace mucha gracia jugar con eso. El personaje Baobae es una crítica a la masculinidad, como la que se refleja en boybands como NSYNC o los Backstreet Boys en los 2000. Creo que son un gran ejemplo de la masculinidad moderna, por eso estoy jugando con esos códigos. Ahora estoy en la fase bebé, como cuando eres puro y estás descubriendo tu identidad, y cómo poco a poco la masculinidad te va consumiendo y vas en declive, es más performático. Pero hablando de esto, yo no sé qué pensar, más bien deberíamos preguntártelo a ti.

A mi por lo general me chirría bastante la gente que se autodenomina otaku. Pero depende de la persona, de si se están apropiando de la cultura, si la aprecian o la fetichizan… 

Wow, es que aún hay tantas cosas de las que tenemos que hablar.

Sí, tenemos que tratar tantos temas, pero lo bueno es que ahora tenemos esta revista para hacerlo.

¡Sí!

¿Qué te ha parecido la entrevista? ¿Cómo ha sido que te entreviste un medio como Pai Pai Mag a diferencia de otros medios? 

¡Pues muy bien! Se nota que al final preguntas desde el knowing, por eso siempre digo que es muy importante que estos discursos lo hablemos desde sujetos que hayan pasado por estas cosas. Es que no tiene sentido que una persona blanca hable de esto, al menos que sea en formato reportaje y pagándoles a todes.

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